On Sunday, August 16, 1987, Northwest Airlines flight 225 crashed just after taking off from the Detroit Metropolitan Wayne County Airport. One hundred fifty-five people were killed. One survived with injuries: a 4-year-old from Tempe, Arizona, named Cecelia. News accounts say when rescuers found Cecelia they did not believe she had been on the plane. Investigators first assumed Cecelia had been a passenger in one of the cars on the highway onto which the airliner crashed. But when the passenger register for the flight was checked, there was Cecelia’s name. “Cecelia survived because, as the plane was falling, Cecelia’s mother, Paula Chican, unbuckled her own seat belt, got down on her knees in front of her daughter, wrapped her arms and body around Cecelia, and then would not let her go.” She was a real mother. That sounds like a metaphor of the love of God.
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Axelrod shares this story about a magnificent mom: Four preachers were discussing their favorite translations of the Bible. The first one said, “I like the King James Version because of its beautiful English.” Another said, “I like the New American Standard version because it is closer to the original Greek and Hebrew.” The third one declared, “I like the Good News version because it’s so easy to read. The fourth minister was silent for a moment then said, “I like my mother’s translation best.” The other three men were surprised. They said, “I didn’t know your mother made a translation of the Bible.” “Yes,” he replied. “She translated it into everyday life. And it was the most beautiful and convincing translation I ever saw.”
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On the Mother’s Day, her two little children ordered her to stay in bed. She lay there looking forward to being brought her breakfast, as the inviting smell of bacon floated up from the kitchen. At last the children called her downstairs. She found them sitting at the table, each with a large plate of bacon and eggs: “As a Mother’s Day surprise,” one explained, “we’ve cooked our own breakfast.”
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A 5-yr. old boy said to his mother, “Mommy, I love you, and when I grow up I’m going to get you an electric iron, an electric stove, and electric toaster and an electric chair.” (The boy did not know that the last one was used for electrocuting criminals).
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Thank you, dear Lord, for our mothers: who were brave enough to give us birth, who loved us through many growing-up years, who taught us about God and love and being good, who often got no thanks, whose ears could hear the slightest cry, whose eyes didn’t miss much either, whose hands held and bathed and picked up, whose hearts were often broken, who always forgave and forgot, who encouraged us when things went badly, who always had time to listen to us, who worked so hard to make things go, who made the world so much better — who deserve our love on Mother’s Day and every day even for eternity. Amen.
Fr.Joseph Antony Sebastian
St. Joachim Church
21255 Hesperian Blvd Hayward, CA, USA 94541
Office Phone: 510 783 2766
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Nota de nuestro pastor:
Northwest Airlines se estrelló justo después de des pegar del Aeropuerto Detroit Metropolitan Wayne County. Ciento cincuenta y cinco personas murieron. Una sobrevivió con lesiones: una niña de 4 años de Tempe, Arizona, llamada Cecilia. Las noticias cuentan que cuando los rescatistas de Cecilia la encontraron, no creyeron que había estado en el avión. Los investigadores primero asumieron que Cecilia había sido una pasajera en uno de los coches en la carretera en la que se estrelló el avión. Pero cuando se comprobó el registro de pasajeros del vuelo, encontraron el nombre de Cecilia. “Cecilia sobrevivió porque, cuando el avión iba cayendo, la madre de Cecilia, Paula Chican, se quitó su propio cinturón de seguridad, se arrodilló delante de su hija, y envolvió con su brazos el cuerpo de Cecilia y no la soltó”. Ella era una verdadera madre. Eso suena como una me táfora del amor de Dios.
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Axelrod comparte esta historia sobre una madre magnífica: cuatro predicadores discutían sus traducciones favoritas de la Biblia. El primero de ellos dijo, “Me gusta la versión King James por su hermoso Inglés.” Otro dijo: “Me gusta la versión de Nuevo Estándar Americano porque es más cercano al Griego y Hebreo original.” El tercero de claró, “me gusta la versión Buena Nueva porque es tan fácil de leer. El cuarto ministro guardó silencio por un momento y luego dijo: “Me gusta más la traducción de mi madre”. Los otros tres hombres se quedaron sorprendidos. Dijeron: “No sabía que su madre escribió una traducción de la Biblia”. “Sí,” contestó. “La tradujo a la vida diaria. Y es la traducción más bella y convincente que he visto en mi vida.”
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En el Día de la Madre, sus dos hijos pequeños le ordenaron quedarse en cama. Yacía allí esperando a que le lle varan su desayuno, el olor agradable de tocino flotaba desde la cocina. Por fin los niños la llamaron para que bajara. Los encontró sentados en la mesa, cada uno con un gran plato de tocino y huevos: “Como sorpresa del Día de la Madre,” uno explicó, “nos hemos cocinado nuestro propio desayuno.”
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Un muchacho de 5 años dijo a su madre: “Mamá, te amo, y cuando crezca voy a darte una plancha eléctrica, un a estufa eléctrica, tostadora eléctrica y una silla eléctrica.” (El muchacho no sabía que la última de ellas era utiliz ada para electrocutar a los criminales).
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Gracias, querido Señor, por nuestras madres: quienes fueron lo suficientemente valientes como para darnos la vida, quienes nos amaron a través de muchos años de crecimiento, que nos enseñaron sobre Dios, el amor, y a ser buenos, quienes a menudo no recibieron agradecimiento, cuyos oídos podían oír el más leve grito, cuyos ojos no dejaron pasar por alto mucho tampoco, cuyas manos nos sostuvieron, nos bañaron y levantaron, cuyos corazones se rompieron a menudo, quienes siempre perdonaron y olvidaron, quienes nos animaron cuando todo iba mal, quienes siempre tuvieron tiempo para escucharnos, quienes trabajaron tan duro para hacer caminar las cosas, quienes hicieron el mundo mucho mejor –quienes merecen nuestro amor en el Día de la Madre y todos los días hasta la eternidad. Amén.
Fr.Joseph Antony Sebastian
St. Joachim Church
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