Pastor’s Desk 09-22-2019

One stormy night many years ago an elderly couple entered the lobby of a small hotel and asked for a room. The clerk explained that because there were three conventions in town, the hotel was filled. He added, “But I can’t send a nice couple like you out in the rain at 1 o’clock in the morning. Would you be willing to sleep in my room?” The couple hesitated, but the clerk insisted. The next morning when the man paid his bill, he told the clerk, “You’re the kind of manager who should be the boss of the best hotel in the United States. Maybe someday I’ll build one for you.” The clerk smiled, amused by the older man’s “little joke.” A few years passed. Then one day the clerk received a letter from the elderly man recalling that stormy night and asking him to come to New York for a visit. A round-trip ticket was enclosed. When the clerk arrived, his host took him to the corner of 5th Avenue and 34th Street, where a grand new building stood. “That,” explained the elderly man, “is the hotel I have just built for you to manage.” “You must be joking,” the clerk said. “I most assuredly am not,” came the reply. “Who–who are you?” stammered the clerk. The man answered, “My name is William Waldorf Astor.” That hotel was the original Waldorf-Astoria, one of the most magnificent hotels in New York. The young clerk who became its first manager was George C. Boldt. The story reinforces today’s Gospel message about the prudent use of the earthly treasures and resources we have been given by God. If we use God‘s loving gifts to us to love others and help them in their need, He will be our reward in Heaven. ———————————————————————— The local Jewish Rabbi is out jogging through the countryside. He encounters a man with two puppies for sale. He asks the man what kind of puppies they are, and the man responds, “They’re Jewish puppies, Rev. Rabbi.” The Rabbi thinks that it is so great that the next day he brings his wife to see these puppies for herself. He asks the man to tell his wife what kind of puppies they are, and the man responds, “They’re Catholic puppies.” The Rabbi looks puzzled and says, “Yesterday, you told me they were Jewish puppies.” The man smiles and says, “Yesterday, they were. But today, they have their eyes opened and a Catholic priest booked them paying in advance!” ————————————————————————- Abraham wanted a new suit, so he bought a nice piece of cloth and then tried to locate a tailor. The first tailor he visited looked at the cloth and measured Abraham, then told him the cloth was not enough to make a suit. Abraham was unhappy with this opinion and sought another tailor. This tailor measured Abraham, then measured the cloth, and then smiled and said, “There is enough cloth to make a pair of trousers, a coat and a vest, please come back in a week to take your suit.” After a week Abraham came to take his new suit, and saw the tailor’s son wearing trousers made of the same cloth. Perplexed, he asked, “Just how could you make a full suit for me and trousers for your son, when the other tailor could not make a suit only?” “It’s very simple,” replied the tailor, “The other tailor has two sons.”

Fr. Joseph Antony Sebastian
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Una noche de tormenta, hace muchos años, una pareja de ancianos entró en el ves!bulo de un pequeño hotel y pidió una habitación. El empleado explicó que debido a que había tres convenciones en la ciudad, el hotel estaba lleno. Agregó: “Pero no puedo enviar a una linda pareja como ustedes a la lluvia y menos a la 1 de la mañana. ¿Estarían dispuestos a dormir en mi habitación?” La pareja dudó, pero el empleado insistió. A la mañana siguiente, cuando el hombre pagó su factura, le dijo al empleado: “Eres el tipo de gerente que debería ser el jefe del mejor hotel de los Estados Unidos. Tal vez algún día te construya uno”. El empleado sonrió, divertido por la “pequeña broma” del hombre mayor. Pasaron unos años. Entonces, un día, el empleado recibió una carta del anciano recordando esa noche de tormenta y pidiéndole que viniera a Nueva York para una visita. Adjunto venía un boleto de ida y vuelta. Cuando llegó el empleado, su anfitrión lo llevó a la esquina de 5th Avenida y calle 34th, donde se encontraba un gran edificio nuevo. “Ese”, explicó el anciano, “es el hotel que acabo de construir para que lo gestiones”. “Debes estar bromeando”, dijo el empleado. “Ciertamente no estoy bromeando”, fue la respuesta. “¿Quién eres?” tartamudeó el empleado. El hombre respondió: “Mi nombre es William Waldorf Astor”. Ese hotel era el Waldorf-Astoria original, uno de los hoteles más magníficos de Nueva York. El joven empleado que se convirtió en su primer gerente fue George C. Boldt. La historia refuerza el mensaje del Evangelio de hoy sobre el uso prudente de los tesoros y recursos terrenales que Dios nos ha dado. Si usamos los regalos amorosos de Dios para amar a los demás y ayudarlos en sus necesidades, Él será nuestra recompensa en el Cielo. ————————————————————————- El rabino judío local está corriendo por el campo. Se encuentra con un hombre con dos cachorros en venta. Él le pregunta al hombre qué tipo de cachorros son, y el hombre responde: “Son cachorros judíos, reverendo rabino”. El rabino piensa que es tan bueno que al día siguiente trae a su esposa a ver a estos cachorros por sí misma. Le pide al hombre que le diga a su esposa qué tipo de cachorros son, y el hombre responde: “Son cachorros católicos”. El rabino parece perplejo y dice: “Ayer me dijiste que eran cachorros judíos”. El hombre sonríe y dice: “Ayer lo fueron. Pero hoy, tienen los ojos abiertos y un sacerdote católico los reservó pagando por adelantado”. ————————————————————————– Abraham quería un traje nuevo, por lo que compró un buen pedazo de tela y luego trató de encontrar un sastre. El primer sastre que visitó miró la tela y midió a Abraham, luego le dijo que la tela no era suficiente para hacer un traje. Abraham no estaba contento con esta opinión y buscó otro sastre. Este sastre midió a Abraham, luego midió la tela y luego sonrió y dijo: “Hay suficiente tela para hacer un par de pantalones, un abrigo y un chaleco, por favor regrese en una semana para llevar su traje”. Después de una semana, Abraham vino a tomar su nuevo traje y vio al hijo del sastre con pantalones hechos de la misma tela. Perplejo, preguntó: “¿Cómo puedes hacer un traje completo para mí y pantalones para tu hijo, cuando el otro sastre no puedo hacer solo un traje?” “Es muy simple”, respondió el sastre, “El otro sastre tiene dos hijos”.

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