Pastors Desk 12-16-18

Soren Kierkegaard the well-known philosopher of Denmark has a famous fable about geese. The geese in a certain farmyard decided to gather together every seventh day. At that time one of the ganders would mount the fence and preach to his fellow geese about their lofty destiny. The pulpit gander would recall the exploits of their forefathers and praise God for the gift of flight bestowed upon them. The congregation of fowl would flap their wings in hearty agreement. This routine happened every week. After each assembly the geese would break up and waddle to their respective places in the farmyard and eat the grain the kind farmer had scattered on the ground for them. On Monday morning the geese would chat about Sunday’s sermon and discuss what might happen if they took to the skies once again. They might get lost or even worse, they might get shot. There was little doubt among them that the best thing was to linger in the farmyard with its security. The sermons would stir them and that was sufficient. It was good to hear what they could be and do as long as they need not do it or be it. All the while they didn’t realize they were being fattened for the holiday tables of the farmer and his friends. That not only happened in a fable on fowl but can happen all too frequently in a Church service on Sunday. The people are told simply what they must do. When John was through preaching, the people asked questions about deeds … what they should do. They had been so guided in their thoughts that they were prompted by God’s Spirit to do that which was pleasing to the Lord.

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On September 1, 2001, a barge hit a support beam on the Queen Isabella Memorial Causeway connecting Port Isabel in far south Texas to the offshore South Padre Island. As a result, a portion of the causeway plunged into the Laguna Madre. This all happened during the very early morning hours. Before any indication of this accident was conveyed to anybody, seven or eight automobiles drove through the opening and plummeted into the water several hundred feet below. Eight people died; three survived. It took several hours before authorities on both ends of the causeway were notified and all traffic warned of the disaster and the tragedy. It was a horrible event. Even worse, business on the island suffered greatly, as this bridge was the only way for trucks, cars or vacationers to reach the island. Many were angry that plans needed to be canceled, businesses had to be shut down, and only ferries could be used to get to and depart from the island. Now if we had been heading for South Padre Island that morning, would we not have rejoiced that the warning was there and that we had been warned, not left to discover, tragically, the reason for the emptiness of the broken causeway? In today’s Gospel, John is warning the Israelites to change their way of life and be reconciled with God.

Fr. Joseph Antony Sebastian
St. Joachim Church
21255 Hesperian Blvd Hayward, CA, USA 94541
Office Phone: 510 783 2766


Soren Kierkegaard un Filósofo bien conocido de Dinamarca, !ene una famosa fábula sobre gansos. Los gansos en un cierto corral decidieron reunirse cada sép!mo día. En aquel !empo uno de los gansos solía montar la cerca y predicar a sus compañeros gansos sobre su noble des!no. El ganso del púlpito recordaba las hazañas de sus antepasados y alababa a Dios por el don del vuelo que les daba. La congregación de las aves ba”a sus alas en acuerdo. Esta ru!na pasó cada semana. Después de cada asamblea, los gansos se dispersaban y caminaban como patos a sus lugares respec!vos en la granja y comían el grano que el buen granjero había dispersado en la !erra para ellos. En la mañana del Lunes los gansos comentaban sobre el sermón del Domingo y comentaban lo que podría suceder si volaran a los cielos una vez más. Podrían perderse o peor aún, podrían recibir un disparo. Había pocas dudas entre ellos que lo mejor era quedarse en la granja con su seguridad. Los sermones los movían y eso era suficiente. Era bueno oír lo que podrían ser y hacer, mientras que no necesitaran hacerlo o ser. Al mismo !empo no se daban cuenta que estaban siendo engordados para las mesas de la fiesta del granjero y sus amigos. No sólo sucede en una fábula sobre aves, sino pasa con demasiada frecuencia en el servicio de la Iglesia el Domingo. A la gente se le dice simplemente lo que deben hacer. Cuando Juan terminaba la predicación, la gente preguntaba frecuentemente sobre hechos… lo que debían hacer. Habían sido tan guiados en sus pensamientos, que ellos solicitados por el espíritu de Dios, hacían lo que era agradable al Señor.

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El 1 de Sep!embre de 2001, una barcaza golpeó una viga de apoyo en la Calzada Memorial Reina Isabela conectando el Puerto Isabel en el sur lejano de Texas, a la Isla Padre Sur. Como resultado, una porción de la calzada se sumergió en la Laguna Madre. Todo esto sucedió muy temprano durante las horas de la mañana. Antes que cualquier indicio de este accidente fuera comunicado, siete u ocho automóviles condujeron a través de la abertura y se desplomaron en el agua cientos de pies más abajo. Ocho personas murieron; tres sobrevivieron. Tomó varias horas antes de que no!ficaran a las autoridades en ambos extremos de la calzada y que todo el tráfico fuera adver!do sobre el desastre y la tragedia. Fue un evento horrible. Peor aún, negocios en la isla sufrieron grandemente, ya que este puente era la única manera para que los camiones, coches o turistas llegaran a la isla. Muchos estaban enojados porque los planes debían cancelarse, empresas tuvieron que ser cerradas, y solamente balseas podían u!lizarse para entrar y salir de la isla. Ahora si hubiéramos ido para la Isla Padre Sur esa mañana, ¿no nos hubiéramos regocijado que la advertencia estaba allí y que habíamos sido adver!dos, no descubrir, trágicamente, la razón de la vacuidad de la calzada rota? En el Evangelio de hoy, Juan está advir!endo a los Israelitas de cambiar su forma de vida y reconciliarse con Dios.

Fr. Joseph Antony Sebastian
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