At the turn of the century, actress Alla Nazimova was one of this country’s earliest stars. Unlike many of her colleagues, Nazimova did not become trapped by a glamorous lifestyle. How did she escape? Her perspective on material things changed the day a fire swept through her Hollywood neighborhood. As the fire moved ever closer to her home, Nazimova ran from room to room, searching for her most valuable possessions to save. To her surprise, none of her pretty furnishings and knick-knacks mattered to her at that moment. The only things she took with her were a few photographs. The fire never reached Nazimova’s house, but when she returned to it, nothing felt the same. She began getting rid of her possessions, and reported greater happiness with fewer things. Most of us are not evil by our nature but simply foolish by not knowing what is important.

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Robert Fulghum is a best-selling author. His best-known book is titled All I Really Needed to Know I Learned in Kindergarten. More than 15 million copies of his books are in print, and they are sold around the world. Needless to say, he has done very well financially. In an interview several years ago with a Christian magazine called The Door, Fulghum reported that since his success, people are always saying, “Well, you must have a big house and a big car.” And he responds, “No, I have the same house, same car, same friends, same wife.” Fulghum admits to being on guard against all kinds of greed, and is committed to serving God, not money. Of course, fame is a challenge, Fulghum admits, “and the challenge is to be a good steward with this kind of authority and power-especially with the economics.” So one year he did a book tour, and used it to raise $670,000 for a number of good causes. “I don’t think I should be given extra credit for doing that,” he says. “I think you should think ill of me if I didn’t do that.” Death doesn’t scare Fulghum. In fact, in one of his books is a picture of the grave he has already picked out, and he likes to visit it. It reminds him to live for the goal of laying up for himself treasures in Heaven. And when Fulghum sees the grave, he says to himself, “Don’t get lost here. Know where you’re going.” [Dr. Daniel Lioy, Tarbell’s Lesson Commentary, September 2004August 2005 (Colorado Springs: Cook Communications).] Good advice. I don’t know if he learned this in kindergarten or not. My guess is he learned it from today’s Gospel.

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A mother saw her two-year-old boy swallow a nickel. She immediately ran over to him, picked him up, turned him upside down, began to beat him on the back. Well the little boy coughed up two quarters. This time she did go into a panic. She yelled for her husband who came running up and said, “What happened?” She said, “Billy just swallowed a nickel and I hit him and he coughed up two quarters. What should I do?” He said, “Keep feeding him nickels!” Greedy “fools” everywhere.

Fr.Joseph Antony Sebastian
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Nota de nuestro pastor:

La actriz Alla Nazimova fue una de las primeras estrellas de este país en los albores del siglo pasado. A diferencia de muchos de sus colegas del medio artístico, Alla Nazimova no quedó atrapada por el estilo de vida glamoroso. ¿Cómo se escapó ? Su perspectiva sobre las cosas materiales cambió el día en que hubo un incendio en su vencindario en la ciudad de Hollywood. A medida que el fuego se extendía amenazador cada vez más cerca de su propiedad, Alla Nazimova corría por toda la casa buscando salvar sus posesiones más valiosas. Para su sorpresa, no fueron los objetos caros y bonitos los que ella pretendía salvar en ese momento. Las únicas cosas que tomó fueron unas cuantas fotografías. Aunque el incendio en las propiedades vecinas nunca afectó su casa, cuando ella regresó todo había cambiado. Ella comenzó a deshacerse de sus posesiones, y decía sentirse más feliz con menos cosas. La mayoría de nosotros no somos malos por naturaleza, sino que simplemente ignoramos lo que es importante.

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Robert Fulghum es uno de los autores más vendido. Su libro más conocido se titula “Todo lo que realmente necesitaba saber lo aprendí en Kinder.” Más de 15 millones de copias de sus libros se han impreso y se venden en todo el mundo. Está de más decir que no tiene preocupaciones financieras. En una entrevista hace varios años con una revista cristiana llamada a La Puerta, Fulghum informó que desde su éxito, todos le dicen: “Usted debe tener una casa grande y un carro de lujo.” A lo que él responde: “No, no tengo una casa grande ni un carro de lujo, vivo en la misma casa y tengo el mismo carro, los mismos amigos, la misma esposa.” Fulghum admite estar en guardia contra todo tipo de codicia, y estar comprometido a servir a Dios, no al dinero. También admite que la fama es un reto, “y el reto es ser un buen administrador con este tipo de autoridad y poder. Especialmente con la economía.” Así que un año realizó una gira para promover un libro con el que recaudó $670,000.00 que se destinaron a diferentes propósitos. “No creo que merezca aplausos por hacer esto, no hacerlo es lo que realmente me restaría puntos,” dijo al respecto. La muerte no asusta Fulghum. De hecho, en uno de sus libros se muestra una foto de la tumba que ya ha elegido para él mismo, y que visita regularmente. Hacerlo le recuerda la meta que se ha trazado que es vivir por los tesoros del cielo. Cuando Fulghum ve la tumba, se dice a sí mismo: “No te pierdas, no te olvides para donde vas.” [Dr. Daniel Lioy, Comentarios y lecciónes de Tarbell, septiembre de 2004 – agosto de 2005 (Colorado Springs: Cocine Comunicaciones).] Un buen consejo. No sé si esto lo aprendió realmente en Kinder, pero a mí me parece que lo aprendió del Evangelio de hoy

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Una madre vio que su hijo de dos años de edad se tragaba una moneda de cinco centavos. De inmediato corrió para ayudarlo, lo levantó, lo puso de cabeza y comenzó a darle palmadas en la espalda. El niño expulsó dos monedas de veinticinco centavos. Al ver que aún no expulsaba la moneda de cinco centavos la prendió el pánico y llamó a gritos a su marido, que llegó corriendo y preguntó: “¿Qué pasa?” Ella dijo: “Billy se ha tragado una moneda de cinco y cuando le dí las palmaditas en la espalda expulsó dos monedas de veinticinco, ¿Qué debo hacer?” El dijo: “Hay que seguir alimentándolo con monedas de cinco centavos !” Codiciosos e insensatos hay en todas partes.

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